Un tornillo de banco debe sujetar la pieza con suficiente superficie y sin obligarte a trabajar desde una posición insegura. Para saber si un modelo sirve no basta con leer “100 mm” o “150 mm”: hay que saber a qué dimensión corresponde y comparar el conjunto de medidas con la pieza real.
Anchura, apertura y garganta describen cosas diferentes
La anchura de mordaza indica la superficie de agarre. La apertura máxima marca la separación disponible y la garganta determina hasta dónde puede entrar una pieza por debajo de las mordazas. Una mordaza ancha puede tener una apertura limitada, por lo que estas medidas no deben intercambiarse.
La sujeción no debe arruinar la superficie
Las mordazas dentadas pueden marcar madera o piezas terminadas. Para esos trabajos conviene utilizar protectores blandos o accesorios adecuados y aplicar sólo la presión necesaria. En madera, apretar más no siempre mejora la sujeción: la pieza puede deformarse antes de parecer firmemente inmovilizada.
Deja acceso para la operación posterior
Antes de cerrar el tornillo, piensa dónde tendrás que serrar, limar o taladrar. Sujetar una pieza apenas por una esquina para dejar acceso puede reducir estabilidad. La posición correcta combina apoyo suficiente con espacio para que la herramienta trabaje sin golpear el propio tornillo.







