Las cajas externas permiten reutilizar discos internos como almacenamiento conectado por USB, pero el aspecto del conector exterior puede ocultar diferencias importantes. Antes de elegir conviene identificar tanto el tamaño del disco como su interfaz.
2,5 y 3,5 pulgadas cambian el montaje y la alimentación
Una caja para 2,5 pulgadas no debe darse por válida para un disco de 3,5 pulgadas sólo porque ambos utilicen SATA. Hay que comprobar dimensiones, sistema de fijación y alimentación. Los formatos de mayor tamaño pueden requerir una fuente externa que no necesita una unidad portátil.
M.2 SATA y M.2 NVMe no son equivalentes
En módulos M.2 hay que comprobar protocolo, llave y longitudes compatibles, como 2242, 2260 o 2280 cuando estén admitidas. Algunas cajas funcionan sólo con SATA y otras con PCIe NVMe. El conector USB-C del lado del ordenador no determina qué interfaz acepta el alojamiento internamente.
USB describe el enlace exterior, no toda la compatibilidad
Además del tipo de USB, conviene revisar sistema operativo, velocidad soportada, alimentación y formato de disco. Un producto que comparta USB y SATA con otro no es automáticamente intercambiable si cambia el tamaño, el puente interno o el tipo de unidad admitida.

