Sustituir una cerradura o un cierre suele exigir más comprobaciones que comparar su aspecto exterior. Grosor de la puerta, cajeado, distancia entre fijaciones, posición del pestillo y sentido de apertura determinan si el mecanismo podrá instalarse sin rehacer la puerta.
Las medidas del alojamiento mandan
Antes de desmontar conviene tomar las dimensiones del cuerpo, el cajeado existente y, cuando corresponda, la entrada o distancia desde el canto al eje del mecanismo. También deben coincidir los puntos de fijación y la posición de pestillo o cerrojo. Si intervienen cilindros, manillas o automatismos, sus interfaces forman parte de la compatibilidad.
Interior, exterior y ambiente cambian el material necesario
Un cierre pensado para mobiliario o interior puede no soportar la exposición de un portón. Acero, aluminio, inoxidable, cobre o latón pueden comportarse de forma diferente frente a humedad, salinidad y desgaste. Para exterior conviene comprobar que tanto el cuerpo como tornillería y piezas móviles estén previstos para ese entorno.
Seguridad y accionamiento completan la elección
Además de encajar físicamente, el cierre debe responder al tipo de accionamiento y al nivel de seguridad requerido. En una puerta automatizada también hay que verificar la relación con el mecanismo de apertura. Una cerradura visualmente parecida puede fallar por una sola medida o por trabajar en sentido contrario.







