Un pulverizador de pintura no se elige sólo por potencia o presión. El equipo debe admitir el recubrimiento, su viscosidad y el tipo de aplicación previsto, con juntas y boquillas compatibles.
En paredes importa el rendimiento; en muebles y trabajos pequeños pesa más el control del caudal y del acabado. Un equipo sobredimensionado puede generar más niebla y desperdicio si no permite regular bien la aplicación.
El recubrimiento manda sobre la cifra de potencia
Puede servir si admite el recubrimiento y los ajustes necesarios, pero no basta con la potencia. En paredes importan el rendimiento y la cobertura; en muebles, el control de aplicación y el acabado. Compara caudal, boquillas compatibles y regulación con las indicaciones de la pintura. No todos los equipos admiten productos densos o disolventes, aunque su presión máxima sea elevada.
Boquilla, caudal y control en trabajos pequeños
Para proyectos pequeños conviene un equipo manejable, con pocos ajustes y una boquilla adecuada al producto. Practica distancia, velocidad y solapamiento antes de pintar. Protege el entorno y ventila según el recubrimiento. Un sistema de gran caudal puede acelerar el trabajo, pero también generar más niebla y desperdicio si no se controla.







