La elección de un cabrestante empieza por la maniobra que debe realizar, no sólo por la cifra de tiro anunciada. Peso real, inclinación, frecuencia de uso, tipo de cable y puntos de anclaje forman parte del mismo sistema.
Un modelo manual puede ser suficiente para trabajos ocasionales dentro de su capacidad. El eléctrico agiliza maniobras repetidas y reduce esfuerzo, pero añade requisitos de alimentación, cableado y protección frente al ambiente.
Cable sintético y cable de acero se inspeccionan de forma distinta
La cuerda sintética facilita la manipulación por su menor peso; el cable de acero exige especial atención a dobleces y alambres rotos. Ambos necesitan revisión y protección frente a daños. Al sustituirlos hay que respetar diámetro, longitud, tambor y guía autorizados para el cabrestante.
La configuración del tiro también carga los anclajes
Un reenvío puede cambiar la dirección del tiro o aumentar la ventaja mecánica, pero al hacerlo también modifica los esfuerzos sobre anclajes y accesorios. La capacidad debe comprobarse para la configuración completa y no calcularse multiplicando sin más la cifra del cabrestante.
En un cabrestante eléctrico el circuito forma parte de la elección
Compartir tensión no hace equivalentes dos conexiones. Un cabrestante de vehículo puede demandar una intensidad muy superior a la que admite una toma auxiliar, por lo que necesita la batería, los cables y la protección previstos para el modelo.





