Alimentar un portátil, una herramienta o un pequeño electrodoméstico desde un vehículo exige mirar algo más que la cifra de vatios del inversor. La carga, el pico de arranque y el tiempo de uso determinan la corriente que tendrá que entregar la batería y soportar el cableado.
Potencia continua y pico deben corresponder a la carga
Motores, compresores y algunas fuentes pueden pedir mucha más potencia al arrancar que durante el funcionamiento estable. El inversor debe admitir ese pico y la carga continua prevista. Una cifra de 1000, 2000 o 6000 W no garantiza que el equipo sea apropiado si la instalación de 12 V no puede suministrar la corriente necesaria.
El cable y el fusible forman parte del sistema
En instalaciones de potencia alta conviene reducir la longitud entre batería e inversor y dimensionar sección de cable, terminales y fusible para la corriente real. El fusible protege el cable. Una carga grande no debe conectarse al enchufe de mechero sin conocer el límite de ese circuito.
La batería de arranque puede quedarse sin reserva
Con el motor parado, la autonomía depende de capacidad útil de la batería, estado, consumo y pérdidas del inversor. Un uso prolongado puede impedir después arrancar el vehículo. Para consumos sostenidos puede ser necesario un sistema con batería auxiliar, protección por baja tensión y carga adecuada.
La forma de onda y la salida también importan
La onda senoidal pura se aproxima a la red y puede ser preferible para equipos sensibles, motores o audio. Una onda modificada puede funcionar con cargas simples y causar ruido, calentamiento o incompatibilidades en otras. Además de la tensión de salida hay que comprobar conectores, polaridad y requisitos del aparato alimentado.







