En un proyector LED de exterior, subir de 20 a 50, 100 o 200 W no garantiza que la instalación quede mejor iluminada. La potencia debe leerse junto con el flujo luminoso, la apertura del haz, la distancia al área que se quiere cubrir y las condiciones reales de intemperie.
Define primero qué zona quieres iluminar
Una fachada, un acceso y un patio no requieren necesariamente la misma distribución. El flujo luminoso sirve para comparar cantidad total de luz, mientras que el ángulo determina cómo se reparte. La altura y la distancia de montaje cambian el resultado, por lo que conviene valorar el conjunto antes de elegir sólo por vatios.
Exterior significa revisar protección y alimentación
La referencia debe ser adecuada para el lugar donde se instalará. Además de tensión y potencia, hay que comprobar la protección indicada frente a polvo o agua y respetar las condiciones de montaje. Coincidir en una tensión no compensa diferencias en tipo de alimentación, conexiones o requisitos de instalación.
La orientación importa tanto como la potencia
Un foco mal orientado puede deslumbrar a quien entra en una parcela o proyectar luz hacia viviendas vecinas. Ajustar la inclinación y limitar el haz al área útil evita desperdiciar luz. La temperatura de color, como 3000 K o 6000 K en algunas referencias, cambia el aspecto de la iluminación, no la cantidad total de luz por sí sola.







