Pulir no consiste en montar el accesorio más fino desde el principio. Si la superficie tiene rayas, oxidación o marcas, primero hay que valorar qué nivel de corrección necesita y empezar por el paso menos agresivo capaz de resolverlo. Después se progresa hacia un acabado más fino sin saltar etapas de forma arbitraria.
El plato o disco debe ser adecuado al trabajo
Que un accesorio encaje físicamente no demuestra que sea correcto. Hay que relacionar el sistema de fijación con el material y el acabado, además del producto de pulido utilizado. En piedra, por ejemplo, también deben revisarse diámetro, conexión, grano y si el consumible está previsto para trabajo húmedo o seco.
Amoladora y pulidora no son equivalentes
Cambiar el disco de una amoladora no garantiza un proceso de pulido adecuado. La velocidad, el movimiento, el montaje y el control pueden ser diferentes. En pintura u otros acabados delicados conviene utilizar una máquina y una almohadilla previstas para ese trabajo, porque bajar las revoluciones por sí solo no elimina el riesgo de dañar la superficie.
Prueba antes de trabajar toda la pieza
Una progresión correcta puede variar con el material. Cuando se trabaja piedra u otras superficies sensibles, una prueba en una zona discreta permite comprobar si el abrasivo y el compuesto producen el resultado esperado antes de extender el proceso a toda la pieza.







